Trompa de oro

Saxo

Bajé las escaleras del subte. Atravesé el molinete. Esperé tras la línea amarilla. Me sentía decaído, ya quería estar en casa. Miré impaciente la boca del túnel. A pesar de la hora seguía acumulándose gente en el andén. Mis párpados caían bajo su propio peso. Cuando escuché algo detrás de mí: una melodía. Al principio tímida, luego más potente. Me di vuelta. La música salía de un saxo, en manos de una mujer. Ella besaba la trompa de oro. La seducía, sonsacándole sonidos dorados. La espalda contra la pared de la estación, el peinado medio parado, medio hacia un costado, los dedos bajando y subiendo. Por alguna razón estaba seguro de que no le importaban los ojos, ni las sonrisas, ni la plata; únicamente se perdía en su música, que palpitaba y lanzaba ecos a través del subterráneo. Pocas personas le prestaban atención. Pero ella seguía tocando el saxo.

            Una luz comenzó a correr por las vías. El murmullo en el andén empezó a ahogarse. La boca del subte se convirtió en un arco radiante y de ella surgió el primer vagón. El cabello de la artista se levantó por el viento. Una aureola sobre su cara. La gente se amontonó delante de la orilla. La mujer tocaba, sumida en su propio túnel, no de concreto, sino de metal; no lleno de vehículos, sino de armonías. Hasta que el tren se detuvo con un siseo chispeante y luego de un resoplido, las puertas se abrieron. Miré a la saxofonista, miré a las personas que entraban impacientes a los vagones, observé el reloj. En quince minutos cerraban el subte. Mi boca se torció en una mueca. Por más que quisiera no podía quedarme a escuchar.

            El asiento era incómodo. La gente con cara de cera. Resonó el pitido estruendoso y las puertas se cerraron. El tren avanzó cada vez más rápido. Pero había algo que lo opacaba; una sucesión de sonidos, cada uno como un capullo sedoso que albergara la paz más profunda, cada uno resbalando y frotándose suavemente contra el otro. Me volteé. La vi, a través de la ventana, la figura elegante y distante a la manera de una estatua griega, el pelo parado y hacia un costado, besando una alargada trompa de oro. La mujer se hizo cada vez más pequeña, la estación dio paso al arco y a la oscuridad, pero la música siguió, y siguió, y siguió…

Alex Dan Leibovich

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Fotografías:

Bron-Yr-Aur – Led Zeppelin

Voces que valen ser escuchadas

Significado de Oniroscopio

Palabra resultante de dos vocablos: “Oniro”, que en griego significa "sueño" (los “oniros” o “oneiros” son los hijos del dios del sueño, Hipnos, en la mitología griega) y “-scopio”, que en griego significa “instrumento para mirar” o simplemente “mirar”. De esta forma sería equivalente a “mirar sueños” o “instrumento para mirar sueños”. Así, el simbolismo radica en ver lo fantástico en la realidad o el sueño en la vigilia.