Ojos dorados, ojos marrones: VI. Llovizna lunar, o Aceptación.

Cuatro sueños

El perro bostezó. Su boca se abrió grande y su cuerpo se estiró hacia delante. Sintió cómo de a poco se relajaba. Luego, se sacudió y trepó sobre el muro. Vio la calle abajo.

   Unos faroles iluminaban las puertas de los edificios, ningún auto pasaba, alguna que otra familia solitaria caminaba. Miró arriba, al cielo. Algunas pocas estrellas titilaban. Se acordó de la conversación que había tenido unas noches atrás con el gato. Y se dio cuenta de algo: lo había juzgado mucho. En realidad, los dos se habían juzgado mucho uno al otro. “¿Siempre pasa eso cuando se encuentran un gato y un perro?”, se preguntó.

   Olisqueó el aire, y le gustó. Prefirió quedarse sobre el muro esta vez. Se sentó en sus cuartos traseros y después en los delanteros. Miró otra vez hacia abajo, entrecerrando los ojos de a ratos. No pasaba nadie.

   Hasta que distinguió un movimiento. Una cola, cuatro patas, una cabeza. El perro se asomó más. La silueta se hizo nítida bajo la luz del farol. Iluminó todo el cuerpo. Y no era el gatin, era otro gato. El perro cerró los ojos, y se tiró de costado, la panza mirando hacia un lado. ¿Valía la pena juzgar tanto a alguien…?

   Se quedó dormido.

   Cuando despertó todavía era de noche. La luna era gigante pero caía una ligera llovizna. Lo mejor era refugiarse debajo del techo pero decidió seguir sobre el muro, refrescándose con las gotitas como de tela. Y escuchó un maullido. Se irguió y volteó. El gato lo miraba.

   “¿Vale la pena criticar tanto al otro?”, le insinuó.

   “A veces uno no puede evitarlo, ¿no?”, contestó el perro.

   “¿Por qué no? Solamente hay que contenerse, dejarlo pasar, y hablar de otra cosa.”

   “¿Pero eso no hace que uno termine explotando más tarde? ¿Cómo vos rasguñándome?”

   El gato empezó a caminar sobre el muro, rodeando al perro en un círculo.

  “Cada uno es como es, hay cosas innatas en la naturaleza de cada animal que no se pueden cambiar. Solo queda aceptarlas. Si no las aceptas, no vas a poder convivir con nadie”, replicó el gato.

   “Lo que decís va para vos también.”

   Las gotas hacían brillar el pelaje del gato. Pequeñas perlas en su lomo.

   “Va para todos”, repuso.

   El perro abrió los ojos. El cielo estaba despejado, con unas pocas estrellas. Ninguna gran luna. Ninguna llovizna.

   Había sido un sueño.

Alex Dan Leibovich

Próxima entrega el 23/12/16: VII. Última noche.

Licencia Creative Commons
Ojos dorados, ojos marrones: VI. Llovizna lunar, o Aceptación. por Alex Dan Leibovich se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución – No Comercial – Sin Obra Derivada 4.0 Internacional.
Basada en una obra en http://oniroscopio.com.ar/ojos-dorados-ojos-marrones-vi-llovizna-lunar-o-aceptacion.

Fotografías:

Cuatro sueños:

Bron-Yr-Aur – Led Zeppelin

Voces que valen ser escuchadas

Significado de Oniroscopio

Palabra resultante de dos vocablos: “Oniro”, que en griego significa "sueño" (los “oniros” o “oneiros” son los hijos del dios del sueño, Hipnos, en la mitología griega) y “-scopio”, que en griego significa “instrumento para mirar” o simplemente “mirar”. De esta forma sería equivalente a “mirar sueños” o “instrumento para mirar sueños”. Así, el simbolismo radica en ver lo fantástico en la realidad o el sueño en la vigilia.