Ojos dorados, ojos marrones: IV. Apariencias.

Manchas contra verde

El gato pensaba mucho. Pensaba tanto que a veces se olvidaba de comer o de dormir. Se quedaba en un pasaje, en un parque, en la entrada de un edificio. Los nenes se acercaban y lo acariciaban. Las mujeres lo miraban suspicazmente. Los hombres le temían. Pero él seguía pensando, allá lejos. Se quedaba quieto bien quieto, las orejas alzadas y la boca cerrada.

   Y también pensaba mientras estaba en la terraza.

   “¿Qué pasa?”, le preguntó el perro.

   “Pienso”, contestó el gato.

   “¿En qué?”

   “En muchas cosas.”

   “¿Cómo qué?”

   “No puedo explicártelo.”

   “¿Por qué no?”

   “No lo vas a entender”, repuso el gato.

   “Tal vez sí. No prejuzgues.”

   “No puedo explicártelo porque hay pensamientos que pertenecen solo a uno. Expresados hacia afuera, aunque aparenten tener sentido para el otro, no significan exactamente lo mismo que para uno. Y además, vos sos perro.”

   “¿Y eso que tiene que ver?”

   “Que pensamos muy diferente.”

   “Tal vez no tan diferente”, replicó el perro.

  “¿Y vos como sabés si pensamos parecido? Nos conocemos desde hace cuatro noches nada más. Lo común es que un gato y un perro piensen distinto.”

   “Eso no es seguro. Hay cosas que dependen de cada ser, gatin, no de la especie.”

   El perro se rascó el cuello y rodó por el suelo. El gato se mantuvo en el lugar, pensativo.

  “¿Ves? Ya con estas acciones nos diferenciamos mucho. Vos jugás y yo estoy acá impasible.”

   “No. Vos también jugás”, dijo el perro mientras se ponía boca arriba. “Solo que no te gusta mostrarte así. Vos querés parecer el gato pensante, refinado y medido. No dejás que entre ninguna otra cosa para que no manche tu personalidad, pero tenés cosas que no tienen que ver con tu especie aunque no quieras verlo.”

   El gato rezongó por lo bajo. Acercó apenas sus garras hacia el perro.

   “Y vos querés parecer el perro ingenuo, torpe y cachorro, aunque ya estés más viejo como para serlo.”

   El gato saltó por la cornisa y se fundió con la oscuridad. Se había enojado. El perro intentó seguirlo, pero no era ni tan rápido ni tan ágil.

   Se acostó triste, la cabeza entre las patas. Lo que había dicho el gato era verdad.

Alex Dan Leibovich

Próxima entrega el 9/12/15: IV. Aullidos y garras.

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Ojos dorados, ojos marrones: IV. Apariencias. por Alex Dan Leibovich se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución – No Comercial – Sin Obra Derivada 4.0 Internacional.
Basada en una obra en http://oniroscopio.com.arojos-dorados-ojos-marrones-iv-apariencias.

Fotografías:

Manchas contra verde:

Soda Stereo – Cuando pase el temblor

El tiempo en capítulos