Mago y león

El niño estaba acostado,

a su lado el gato.

Aburridos y solos,

la lluvia corriendo fuera.

 

El niño bostezó,

miró la almohada y el techo;

no quería dormir

y sin embargo no había nada que hacer,

cuando se dio vuelta;

su gato lo miraba

fijamente.

 

Iris y pupila,

verdor y negro,

“¿Qué ves?”, le preguntó el niño.

El gato no respondió

pero la pupila se expandió

hasta cubrirlo todo

y el niño asombrado

vio.

 

Los dos eran un mago y un león

y juntos vagaban

por inhóspitos valles y ríos,

curaban árboles marchitos,

salvaban familias en peligro.

 

Debatían con dioses

sobre graves asuntos

y se les pedía consejo

sobre qué hacer

con demonios y espectros,

eclipses y portentos.

 

Entraban en cavernas

llenas de piedras, runas y cetros

encantados desde hacía milenios,

para devolverlos a su lugar

para que en paz reposaran.

 

Las campanas tañían

y los pueblos y ciudades se levantaban

al acercarse la pareja;

reyes, herreros o campesinos

clamaban por su ayuda.

 

El león era pequeño

cuando el mago lo rescató,

una cría esclavizada

e intercambiada en el gran mercado;

desde entonces la vida fluía del uno al otro

como si fueran uno solo

y se protegían como hermanos.

 

Cierta vez el mago cayó

en un agujero de sombras;

a punto estaban de capturarle el alma

cuando el león saltó a lo profundo y

defendió al hechicero.

Entonces, él los volvió luz

y juntos se salvaron.

 

Cierta vez el león quiso ser cazado

–su piel servía para pócimas y brebajes–,

y el pelaje fue ensartado por una lanza.

El cazador se acercó triunfante,

pero el mago le extinguió el arma,

quemó su voluntad

y destrozó su memoria.

Nunca más volvió a cazar.

Y al león le curó la herida.

 

Pero también tenían

momentos de paz,

en el que se recostaban sobre praderas

escuchaban el agua y el viento

y soñaban

y se miraban

sin sentir ningún tiempo,

solo ellos

y la montaña, el arroyo, el árbol.

 

Sin embargo, a veces eso no bastaba.

A veces el león quería ir a los pastizales

y de todo olvidarse;

A veces el mago quería refugiarse en pergaminos

y de todo olvidarse;

pero luego respiraban

y se daban cuenta de que había algo más allá,

que los impulsaba a seguir en el camino.

 

Y continuaban hacia ninfas, bestias y ruinas

enfrentando lo conocido y lo desconocido

transmutando lo palpable en etéreo

y la espada en pluma

para que el mundo se equilibrara

para que las aguas se calmaran.

 

Se cuenta la historia

de aquel mago y león;

merodeaban por tierras inhóspitas

ayudando tanto al mercader como al mendigo,

a la flor como al oso,

y fue tanta su fama

que llegó a poemas y cuentos,

con el tiempo leyendas y mitos

de un tiempo lejano.

 

El niño dio una bocanada

y retrocedió.

Afuera ya no llovía

y el gato lo miraba igual que siempre,

fijamente.

Alex Dan Leibovich

Licencia Creative Commons
Mago y león por Alex Dan Leibovich se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución – No Comercial – Sin Obra Derivada 4.0 Internacional.

Fotografías:

Verdor y negro

Bron-Yr-Aur – Led Zeppelin

Voces que valen ser escuchadas

Significado de Oniroscopio

Palabra resultante de dos vocablos: “Oniro”, que en griego significa "sueño" (los “oniros” o “oneiros” son los hijos del dios del sueño, Hipnos, en la mitología griega) y “-scopio”, que en griego significa “instrumento para mirar” o simplemente “mirar”. De esta forma sería equivalente a “mirar sueños” o “instrumento para mirar sueños”. Así, el simbolismo radica en ver lo fantástico en la realidad o el sueño en la vigilia.