Los mil y un ríos

Río de nombres

© Alex Dan Leibovich

Estoy sentado sobre una de las tantas rocas, el río fluyendo entre, alrededor y debajo mío. Sigo con la vista cada delgado hilo de corriente desde donde fluye, en el norte, hacia donde desemboca, en el sur. Comienzo a pensar en que el río muta todo el tiempo; que en un lugar determinado de él el agua, la materia constituyente de esta cinta traslúcida, ya no es la misma segundos después. El río se mueve y cambia continuamente, entonces, ¿se podría decir que es el mismo río? ¿No serán acaso muchos, uno seguido del otro, en una constancia eterna desde el día en que se creó hasta el día en que se secará? En ese caso cada río uno en el planeta no debería tener un solo nombre; debería tener cientos, miles, millones, uno por cada vez que muta, por cada forma que cobra bajo el silbante viento.

   Sierras y planicies líquidas que resplandecen a la luz del sol; risas de niños salpicándose entre sí, murmullos de señoras mayores calentándose bajo el sol, parejas besándose sobre las rocas. Todo en una serpiente aplastada por dos riberas, una verde y extensa, la otra gris y estrecha, yo en ésta última. Miro, huelo, respiro, siento, conectado al agua por medio de mis pies. Me relaja y me transporta a estos miles de ríos, en una metamorfosis interminable, de la que estoy siendo parte.

Alex Dan Leibovich

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Fotografías:

Río de nombres:

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