Los autonautas de la cosmopista: una travesía lúdicamente mágica

Julio CortázarJulio Cortázar ya sentía cierto interés por las autopistas en los años sesenta, tal como se demuestra en su largo cuento “La Autopista del Sur”, una gran metáfora de la convivencia humana en el acontecimiento de un largo –y “largo” es quedarse corto– embotellamiento. Pero no fue recién hasta poco más de diez años después, en 1978, cuando junto a su esposa de aquel momento, Carol Dunlop, ocurrió la gran idea, viajando en la autopista hacia París. En un diálogo repleto de inspiración surgió la idea de hacer un viaje por aquel tipo de ruta, pero no uno veloz y del punto “A” al “B” (como lo es usualmente) sino deteniéndose cada poco tiempo en los paradores y, mientras, escribirían la travesía a la manera de los viejos exploradores, en un libro de viaje.

    Pronto se fueron estableciendo las reglas del juego: una travesía París–Marsella, con dos paraderos por día (de un total aproximado de sesenta paraderos), resultando en una duración de casi un mes. Pasaron recién cuatro años, hasta que en el año 1982 se internaron en una odisea a bordo de una casa rodante Volkswagen, a la que apodaron simpática y mitológicamente Fafner.

   Tal cosa produjo un libro lleno de relatos en los que abunda el realismo mágico, en donde diferentes historias se entrecruzan, rodeadas de fotografías que hacen dar cuenta de las ideas y las emociones que vivían a lo largo de la ruta, junto a páginas con tipografía de máquina de escribir a modo de diario de viaje y dibujos que ejemplifican las diversas estaciones. Refleja también el amor que se profesaba la pareja artista, no sólo entre sí, sino hacia la misma vida. Una lectura muy disfrutable, amena, y muy recomendada sobre todo a cualquiera que realice un viaje; por propia experiencia digo que ello hace realzar aún más el clima de magia y juego que proclama aquella obra, concretamente la anteúltima publicada por Cortázar en vida.

    Quienes atesoran libros llenos de auténtica magia, sincero arte y dulce emoción, aquí hay uno del que sacarán todo el jugo.

Alex Dan Leibovich

Fotografías:

Julio Cortazar:

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