La sociedad de los poetas muertos: la verdad no se enseña, se vive.

4887363555_915c27b99a_oCarpe diem. Estas antiguas palabras latinas (acuñadas por el poeta Horacio (65 a.c. – 8 a.c.)) recorren cada hilo de esta obra fílmica. Literalmente, “tomar el día” y su significado es siempre el mismo: vivir el momento, disfrutar de la vida, beber cada centímetro posible del jugo que es vivir. Y lo dice por primera vez un personaje, alguien quien dista mucho de lo que es usual en su oficio pero que se acerca a lo que sería ideal en él, un profesor de literatura. Lo dice una y otra vez en su primera clase, frente al grupo de estudiantes congregados a su alrededor, y fuera del lugar ordinario de aprendizaje, en el aula, sino en un salón repleto de viejos premios y fotografías en blanco y negro. Primero se pone al nivel de ellos, diciéndoles que vivió el mismo infierno en esa escuela, y que antes él era un chico escuálido. Luego, hace leer el poema “A las vírgenes, para que aprovechen el tiempo” de Robert Herrick. Y de aquel saca el concepto de Carpe Diem; la fugacidad de la vida y por lo tanto, cuánto hay que saborearla. Les hace ver a los alumnos que esos jóvenes plasmados en las fotos no son tan distintos de ellos. “Mismos cortes de pelo, llenos de hormonas”, igual que ellos. “Invencibles, justo como se sienten ustedes. El mundo es su caparazón”. Les hace explotar su potencial: “¿Esperaron hasta que fuera demasiado tarde para hacer de sus vidas siquiera un pedacito de lo que eran capaces?” Porque ya no están vivos, ya “son fertilizante”. “Pero si escuchan bien de cerca pueden escuchar susurrar su legado a ustedes”. Los incita a inclinarse y escuchar y los chicos, entre curiosos y dubitativos, se acercan a la vidriera. El profesor les susurra al oído, casi espectralmente “carpe diem”, mientras la cámara apunta al rostro de cada adolescente en blanco y negro.

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El profesor Keating, interpretado por Robin Williams.

Tranquilamente esa escena podría ser el núcleo representativo de esta bella película, y aquellas palabras su lema. Pero no es lo único. La relación conflictiva entre un padre severo y un hijo que intenta ser el mejor para complacerlo; las tribulaciones de un chico por su primer amor; la represión emocional que tiene un estudiante y cómo lidia con ello; el afán de experimentación con tecnología que tienen dos jóvenes; el descubrimiento del camino que es arte, por otro; el brillo de la identidad única que cada chico posee; pero todas esas historias están circundadas por una misma aura, encarnada en la expresión atemporal y universal del adolescente. Y en el centro, un profesor que rompe con todas las barreras del sistema. Un profesor llamado Keating (¿algún parecido con el poeta Keats?), pero que prefiere que le llamen “Oh Capitán, mi capitán” (por un poema de Walt Whitman). Un profesor que incita el fuego interno de cada chico y los inspira para que desarrollen su verdadero potencial. Con él me viene a la memoria una frase de Hermann Hesse, escrita en su libro “El juego de los abalorios”: “la divinidad no está en vos, no en los conceptos o en los libros. La verdad se vive, no se enseña”. Y eso es precisamente lo que intenta demostrar Keating, interpretado por el amado Robin Williams.

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Primera estrofa de “A las vírgenes, para que aprovechen el tiempo”, de Robert Herrick (1591-1674).2

Una película que en una simple palabra es arte. Arte en un guión repleto de humanidad y enseñanzas, de diálogos sencillos pero profundos, y momentos cómicos y dramáticos. Arte en una música serena y armoniosa, mágica y fuerte, que cubre como un manto de seda cada escena 1. Arte en actuaciones auténticas y únicas, en las que las distintas personalidades de los diversos personajes contrastan entre sí brillantemente. Arte en una fotografía de pura naturaleza, que rodea a la escuela, en los bosques, en las praderas, en el lago, en una cueva. Arte en las mismas artes que guarda dentro de sí la obra; en la poesía que se narra, en el teatro que se actúa. Pero más que nada en la vida que se vive.

Esta película no solo debería ser obligatoria en la materia lengua, sino también, a mi criterio, en cualquier profesorado. No solo reivindica la riqueza de la poesía, sino la verdadera tarea del profesor, que no es meramente hablar un monólogo delante de todo o escribir silenciosamente en el pizarrón; es enseñar la mejor manera de vivir la vida, sacar las mejores capacidades de cada joven ser humano, transmitir el conocimiento que hacen de nosotros las criaturas inquietas y creativas que somos. Keating pone un freno y hace reflexionar acerca de qué es la enseñanza y el aprendizaje, qué es la educación. ¿El modelo de escuela, universidad y profesor actual es el mejor modelo?

Y antes de las últimas tres frases, unos versos que ni hace falta explicar… 3

 

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,

sin haber sido feliz, sin haber alimentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

 

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,

que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo

extraordinario.

 

No dejes de creer que las palabras

y las poesías, sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.

 

Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y es oasis.

Nos derriba, nos lastima, nos enseña,

nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.

 

Aunque el viento sople en contra,

la poderosa obra continúa:

Tú puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,

porque sólo en sueños puede ser libre el Hombre.

 

No caigas en el peor de los errores:

el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes, huye…

 

“Emito mis alaridos por los tejados de este mundo”, dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas.

 

No traiciones tus creencias.

Todos necesitamos aceptación,

pero no podemos remar en contra de nosotros mismos:

Eso transforma la vida en un infierno.

 

Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante.

Vívela intensamente, sin mediocridad.

 

Piensa que en ti está el futuro

y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

 

Las experiencias de quienes nos precedieron,

de nuestros “Poetas Muertos”,

te ayudan a caminar por la vida.

La sociedad de hoy somos nosotros: Los “Poetas Vivos”.

 

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

 

Ahora sí, apagá las luces, agarrá el libro de poesía que tengas más cerca, comenzá la película… Bienvenido/a a la Sociedad de los poetas muertos. Carpe diem.

Carpe_Diem

Alex Dan Leibovich

Notas:

  1. Para quien quiera escuchar la hermosa (aunque tristemente breve) música de Maurice Jarre, aquí está el link: https://www.youtube.com/watch?v=ffIuliItBvo
  2. Primera estrofa de la poesía narrada por Keating en la escena descripta arriba. La poesía completa en inglés y en castellano es la siguiente:
    Versión original:
    Gather ye rosebuds while ye may,
    Old time is still a-flying;
    And this same flower that smiles today
    Tomorrow will be dying.

    The glorious lamp of heaven the sun,
    The higher he’s a-getting,
    The sooner will his race be run,
    And nearer he’s to setting.

    That age is best which is the first,
    When youth and blood are warmer;
    But being spent, the worse, and worst
    Times still succeed the former.

    Then be not coy, but use your time,
    And, while ye may, go marry;
    For, having lost but once your prime,
    You may forever tarry.

    Versión traducida:
    Recojan capullos de rosas mientras pueden,
    El viejo tiempo sigue volando;
    Y esta misma flor que hoy sonríe
    Mañana estará agonizando.

    La lámpara gloriosa del Cielo el sol,
    Cuanto más alto llega,
    Más pronto correrá su carrera,
    Y más cerca estará del ocaso.

    Aquella edad mejor que es la primera,
    Cuando la juventud y la sangre son más tibias;
    Pero desperdiciarla, es lo malo, y lo peor
    Los tiempos aún seguirán pasando.

    Así que no sean tímidos, y usen su tiempo,
    Y, mientras pueden, cásense;
    Porque, habiendo perdido una vez la plenitud,
    Pueden terminar por siempre esperando.


  3. …aunque en realidad sí ya que este poema tiene una historia curiosa. Investigando en Internet me topé con que muchos se lo atribuyen al poeta estadounidense Walt Whitman (1819-1892), cuando en verdad él no lo escribió. Y muchas de los versos provienen casi textualmente tanto de poemas de diferentes autores como de la misma película (y hasta se encuentran ligeramente cambiados en diferentes páginas web). Sin embargo, le otorga más misterio y encanto a esta poesía anónima pero moderna (rara mezcla), y creo que es una bella síntesis de la película.

Fotografías:

Afiche:

Imagen de Robin Williams:

Primera estrofa de “A las vírgenes, para que aprovechen el tiempo”:

Reloj “Carpe diem”:

 

Soda Stereo – Cuando pase el temblor

El tiempo en capítulos